lunes, 11 de junio de 2018

La tierra de Itzhen Tar: La llegada de Nurgle



Tras semanas estudiando la información que había en la tierra del Imperio, Tarthox había decidido viajar hacia donde indicaban las señales. Aquella tierra imperial no era la tierra del demonio que buscaban, aquel solo era uno de los portales que había abierto y debían seguir buscando.

La búsqueda a través del territorio imperial a escondidas había llevado al hechicero oscuro y a su grupo de guerreros hasta una tierra llamada Sylvania, de allí a una ciudad al norte años atrás conocida escondía la clave. Mordheim, Ciudad de los Condenados, parecía ser la ciudad donde el demonio Itzthen Tar había escondido sus secretos, aquellos secretos por los que Nurgle había ordenado a este grupo a conseguirlos. ¿Serían los únicos?


La semana había pasado volando, Tarthox se encontraba en su tienda, apoyado en la mesa estudiando papiros, pronto se distrajo y se explotó un grano lleno de pus que tenía en su cara, sonrió y tras limpiarse en la mesa volvió a su obsesionado estudio de los escritos que poseía. Aquel hechicero, no era un hechicero cualquiera, poseía un gran poder, experiencia y había vivido muchas aventuras terroríficas en las tierras del Caos, para él, Mordheim era una distracción que incluso le divertía.

En el campamento se encontraban preparando la nueva incursión que se daría al día siguiente, estaba situado a las afueras de Mordheim en el norte y de momento las dos ocasiones que habían entrado los guerreros de Nurgle no habían conseguido nada, nada interesante, pensaban que estaba ese montón de ruinas vacio de vida, parecía como que si ya se hubieran adelantado y el grupo llegara siglos tarde. La usencia de rastro de otros grupos o de objetos que conseguir hacía desanimar al grupo, que veían como Nurgle no premiaría con nuevas y repulsivas mutaciones a sus siervos.


El hechicero estaba prácticamente secuestrado en el campamento, no podía salir ya que el campeón del Caos que dirigía al grupo no quería que su valioso conocedor de la magia fuera asesinado en un lugar tan patético como aquel, por lo que Tarthox aún no había percibido bien el poder de la magia en aquel lugar, de hecho, desde que estaba en el Imperio sentía como su poder se había debilitado casi por completo por culpa de estar lejos de las tierras del Caos. Algo que lo inquietaba y desagradaba, no iba a confiar su propia seguridad a un puñado de matones, debía invocar demonios pronto para que aquel lugar fuese algo más nurgloso y acogedor.


El liderato del grupo estaba enfrentado por dos personajes bastante complicados de manejar, Khasrhak "el grande" y Corruptus "piel putrida", ambos habían luchado en las tierras del Caos, se habían retado y se odiaban, pero ese conflicto le entretenía a Nurgle y hacia todo lo posible porque volviesen a coincidir y chocaran de nuevo. Algo que le producía dolor de cabeza al hechicero, que era más sosegado.

Aquella semana cambiaría todo, un miembro del grupo que estaba de vuelta trajo un objeto llamativo, un libro envuelto en cadenas, los dos caciques corrieron a observar el nuevo objeto, cuando lo vieron se desanimaron y llamaron a Tarthox. Este hechicero no hizo como sus líderes, cogió el libro de manera protectora y lo custodio los siguientes días hasta encontrar lo que buscaba. 

¡Mordheim aún tiene vida!-grito el hechicero desde su tienda de acampada.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Es la introducion de una de las bandas de la campaña de Mordheim que intentare jugar este verano :)

      Espero que gusten los relatos ;)

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