Adom: la base secreta


La lluvia caía entre los mega edificios que conformaban la ciudad colmena llamada Puerta Negra, una "pequeña ciudad" en el sur de Colosus. Un lugar oscuro, donde el bosque había llegado hasta las primeros edificios de la urbe tapando todo con sus altas copas, las sombras se apoderaban de las calles de aquella ciudad siniestra donde solo se encontraba luz en algunos candelabros puestos por las escombrosas calles y alguna hoguera improvisada de los puestos de las tropas adomnistas que gobernaban esta caótica ciudad.

La ciudad había caído en manos de los herejes hacía ya tiempo, fue de las primeras sin poner oposición, un éxodo de ciudadanos imperiales huyeron y ya solo quedó la depravación en las calles. Primero cientos de clanes cultistas lucharon por hacerse con el control de las calles, luego bestias de la disformidad invocadas por psíquicos crearon un terror apocalíptico, hasta que las tropas adomnistas intervinieron y dejaron todo bastante apaciguado... 

Un transporte gravitico atravesaba la que fue la calle de los Ingenieros a toda velocidad, las gotas de la lluvia se esparcían por toda la chapa de aquel vehículo que no tenía intención de parar en ningún momento. Dentro se encontraba Arkia, un agente del Mecanicus Oscuro, volvía de una misión secreta de otra ciudad colmena que no podía mencionar, de ahí había conseguido poca información pero había robado un objeto que pensaba que podría valer a su tecno-señor.

El transporte paró en seco en una callejuela, el agente ataviado con una gabardina negra salió del vehículo y fue a subir unas escaleras donde se encontraba una trampilla con contraseña, mientras la tecleaba unos disparos sonaron cerca procedentes de una montaña de escombros cercana. Arkia se dio la vuelta y con un movimiento mecánico sacó una de sus pistolas y acribillo a dos hombres bestia que estaban borrachos en frente armados con rifles viejos, los dos cuerpos cayeron tras los dos disparos. Su precisión era perfecta gracias a su ojo bionico, uno de los dones de la tecnología que le habían otorgado.

Tras bajar por recovecos y pasarelas, llego a las cloacas de la ciudad, unos lugares tranquilos si quería pasar desapercibido y llegar a la base secreta de su amo, pero en este lugar... también se encontraba una serie de criaturas que no fueron destruidas por la guardia imperial y que podrían cazarle en cualquier segundo, aun así se adentró entre los túneles oscuros, sin miedo, con decisión y firmeza.

Lejos de encontrar su muerte, llegó al lugar donde todo lo decidiría, su rebelión iba a empezar allí mismo, la "Gran Llamada" a la legión de los Guerreros de Hierro haría que todo volviera al orden que debería: "las maquinas primero, la carne es débil" -pensó para sí mismo el hombre.

Antes de abrir la compuerta que daría paso a la guarida le vino el recuerdo de su compañero, Dufee, el cual lo había abandonado en la anterior misión mientras se enzarzaban en un tiroteo con otra banda para poder conseguir el artefacto...

-Dufee habría hecho lo mismo, además seguro que consigue escapar con vida de aquel lugar-pensó para sí mismo de nuevo, con la idea de convencerse.

Una vez que abrió la entrada, los pasillos estaban abarrotados de artilugios, esclavos y siervos que danzaban. Pudo llegar al altar y ver a su amo, el cual iba tapado con una túnica negra, sus manos eran metálicas, era más máquina que humano, pero aun así para Arkia era como un semidiós, por su intelecto y sus planes.

Tras entregar el objeto el tecno-sacerdote, este lo introdujo en una máquina que empezó a funcionar poco a poco, la maquina llena de tubos vibro durante un rato, luego lanzó un potente rayo hacia arriba, una serie de conductos con espejos revotaron hasta salir de aquella escombrera en directo el cielo de Colosus. 

Seguramente ese día algunas personas que estaban alejadas de las urbes cercanas pudieron ver un rayo amarillo que cruzaba de manera limpia el cielo hasta el espacio... ¿Qué sería aquello? ¿Una señal?

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