Necromunda: botín de sangre (Delaque vs Goliath)

Las pisadas resonaban en mitad de la oscuridad entre los huecos de las ruinas que había en el territorio que gobernaban los Goliath, esta banda que había combatido por expandirse contra la banda de los Hijos de la palabra se había quedado debilitada tras sufrir perdidas y no haber conseguido un avance territorial que le diera riquezas. 

Las bandas más peligrosas de la zona no iban a tener piedad, algunos olieron el miedo y actuaron entre las sombras, donde se sentían más cómodos actuando. Los susurros llegaron hasta el Conclave de la cosecha y estos Delaque no dudaron en aprovechar los rumores de que unos vecinos se habían convertido en un blanco fácil para su cacería. 

Entre ellos se llamaban Señor... lo que fuera, una manera de identificarse en el anonimato y mantener el secreto de su identidad, este conclave guardaba sus secretos con celo y vendía información al mejor postor, pero eso no quitaba que quería hacerse con toda la zona para vender sus mercancías y acrecentar su poder. Por ello un grupo numeroso avanzó hacia el cuartel general de los Goliath.

Desde las alturas un par de tiradores observaban el terreno y pronto la trampa estaría lista, el señor Destino advirtió por el trasmisor de que unos cuantos rivales habían salido de su escondite y avanzaban hacia donde se estaban escondiendo los Delaque. El tiempo jugaba a favor de los atacantes.

Un par de disparos de advertencia sirvieron para poner en alerta a los Goliath, pero fueron lentos y no se cubrieron a tiempo para evitar las primeras bajas. El señor Destino había abatido junto a señor Susurro a varios enemigos en las primeras ráfagas de disparos. 

Después comenzaron los intercambios de disparo al vacío de la bóveda de almacenamiento donde se encontraban. Fue una visión espectacular, entre la oscuridad salían fogonazos y chispas de balas que rebotaban en las paredes. 

 
Los disparos fueron aumentando, incluido algunas explosiones, todo era caótico, algunos miembros del Conclave salieron de sus escondrijos para disparar a quemarropa a sus rivales, sin miedo a la muerte, era un momento de éxtasis, disfrutaron mostrando su superioridad con una banda rival que se lamía las heridas pasadas. Los Goliath no intercambiaban bien los disparos, con mucha imprecisión y no eran capaces de llegar al cuerpo a cuerpo sin ser abatidos.

 

Mientras el psíquico, el señor Demencia, empezó a visualizar el campo de batalla, estaba escondido entre contenedores y descubrió a su primera víctima, la paralizo y la sometió a su gusto, bloqueado el Goliath sin saber este que le pasaba, fue una marioneta y pudo ser abatida por los flacos y escurridizos Delaque. El hombre musculoso al que habían derribado con una acción conjunta era el líder, superado y masacrado por malditos brujos según los pensamientos primitivos de los Goliath.

 
Pero el peor asesino que tenían los Delaque no era un psíquico ni un francotirador, era el señor Sombra, el cual era un peligroso combatiente que tenía unas garras tecnológicamente avanzadas que podían triturar cualquier piel humana. Este agente avanzó escondido entre las sombras de las estructuras metálicas oxidadas del entorno hasta encontrarse en la retaguardia rival, ahí empezó su festín y se lanzó a la espalda de un rival al que destripó, el rival que quedaba cercano huyo despavorido viendo la escena. 

 ***

Tras la escaramuza, algunos Delaque saqueaban los cuerpos, otros entraban dentro del nuevo territorio adquirido y empezaban a ver qué cosas de valor tendrían para explotar del lugar, pondrían esclavos a trabajar pronto, debían cambiar la estética del lugar y sacar más rentabilidad a la pequeña fábrica de metal que habían tenido los Goliath.

Entre las salas del cuartel general se encontraban algunos heridos Goliath, que fueron abatidos, no dejaron a ningún miembro de la banda con vida, con el paso de los días cazaron a los que huyeron, los estandartes e iconos de los Goliath fueron borrados y ese terreno quedo totalmente en manos del Conclave de la cosecha. Ahora tenía más cerca a otras bandas a las que intentar saquear. 

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