El viento del desierto golpeaba continuadamente el rostro de Khasrhak, su mirada fija en la nada le mantenía cuerdo, los monstruosos regalos de su dios hacían que su cuerpo no parase quieto nunca, las pústulas no paraban de crecer y nuevas heridas se le infectaban, eso a él no le importaba, solo le hacían gracia, porque la decadencia le resultaba graciosa...