Samael salía de vez en cuando de su cuarto, necesitaba la ayuda de un bastón, era un momento delicado para un líder como él, pero sabía que tenía que aguantar un poco más antes de intentar usar la fuerza y su fervor religioso, necesitaba energías nuevas.
Se encontraba en el trono que tenía hecho con huesos y chatarra, donde recibía a las visitas, cuando dos forasteros aparecieron, eran dos Cawdor veteranos que se ofrecían a pelear por él y por su banda. Entre los dos traían una caja de armas y accesorios de diferentes tipos de chatarra, a Samael se le pusieron los ojos vidriosos de la emoción, eran buenas noticias enviadas por el grandioso Emperador.
Los nuevos integrantes pronto se adaptaron al campamento, empezaron a enseñar a disparar con los rifles automáticos que habían traído a varios miembros de la banda, aunque no todos les gustaba ese tipo de armas. Estaban los tradicionales que buscaban la gloria y la redención con las armas de combate y luego los que solo pensaban en el fuego…
Aun así Trax y Praxis fueron cogiendo experiencia con el grupo, sobre todo en la vigilancia del pequeño territorio que tenían, sabían cómo organizar las colas de los peregrinos que iban al Santuario y mantener el orden. Samael vio en estos hombres un buen par de ayudantes como lo eran Azrael, Uriel o Belial.
Ezequiel estaba bastante grave como lo había estado Samael, por lo que le dejó tomarse su tiempo y que Raziel se encargara de las decisiones menores. Ahora que había más dinero y más gente llegando al territorio necesitaba un hombre que no le temblara el pulso a la hora de tomar decisiones drásticas para mantener el orden.


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