jueves, 18 de octubre de 2018

La señal de Sigmar: capítulo 1


Algo presagiaba problemas en Talabheim, una ciudad imperial con muchas oportunidades de negocio para cazarrecompensas, mercenarios o simples matones, pero esos problemas serian demasiado grandes para una panda de inútiles, por ello después de meses investigando la milicia muestras de herejía por toda la ciudad el templo de Sigmar decidió mandar a dos agentes a investigar.

La iglesia de Sigmar no solo tenía cazadores de brujas o sacerdotes entre sus filas, existía unas ordenes de guerreros que eran secretas para la gente ajena al culto, dichas ordenes se constituían de soldados devotos que no captaban las ordenes de caballería, gente sin título nobiliario pero hábil con el arma. Dichos agentes tenían permiso para actuar por todo el Imperio y restaurar la paz a cualquier precio.


En la ciudad se presentó uno de ellos con su capa azul, armadura plateada como la luna, todo el mundo lo contemplaba cuando avanzaba por las calles de la ciudad, una hueste de 20 soldados estatales lo custodiaba hasta el encuentro con sus compañeros. Cuando llego a la entrada de lo que parecía una catacumba se encontró con un sacerdote que lo saludó.

-¡Hola Pacificador! Cuanto tiempo...Pensé que tardarías algún día más en llegar, ya está todo preparado para que realices el trabajo con el hermano Fénix y su semigrifo Arranca ojos.-dijo con tono simpático el sacerdote que portaba un tomo del libro sagrado en la mano y una maza en la espalda.

-Hola hermano, me presento, soy Fénix.-un guerrero de Sigmar igual de grande que el otro agente interrumpió la amigable conversación. Su rostro tapado con un yelmo impresionante y dorado no ocultaba del todo el imponente guerrero que aguardaba dentro, su capa roja hacia brillar más su armadura dorada. Su animal de compañía hizo un ruido extraño y golpeo cariñosamente el escudo de Pacificador. 

-Comencemos...-dijo el agente Pacificador en un tono seco y se dirigió hacia el agujero que adentraba a los dos hombres bajo tierra.

Los agentes no tenían nombres reales, debido a que su voto de fe había hecho perder su identidad personal para ser una mera herramienta para su dios y su iglesia. Esto hacía de estos guerreros más misteriosos aun, una imagen que podría acongojar a un miliciano pero no a un acólito del Caos.


Una vez bajada las escaleras, una sala iluminada mostraba lo que se temían, un poderoso esbirro de Nurgle custodiaba el lugar, las cadenas del brutal rival resonaron al moverse juguetonamente la mano. Los dos agentes se prepararon para el combate, pero fue Arranca Ojos quien se lanzó y tumbo al perturbado enemigo, cuando se incorporó Fénix se lanzó al ataque pero herró el primer estacazo que lanzo con la pesada alabarda, algo que no paso cuando Pacificador estampó el escudo al torpe rey pútrido y luego lo remató de un espadazo.


-Sigamos-dijo el agente con la armadura plateada mientras que elegía el camino de la izquierda para empezar con el registro del lugar. El semigrifo lo siguió mientras que Fénix dudaba si seguirlo o ir hacia la derecha.


La segunda sala era parecida a la anterior, un lugar mugriento con antorchas que iluminaban la pegajosa pared y el resbaladizo suelo...La corrupción de Nurgle ya estaba muy extendida por el lugar. Dos reyes pútridos aguardaban, tanto Fénix como su animal se lanzaron al ataque adelantando a Pacificador, el resultado fue patético, Arranca Ojos salió volando estampado contra una pared y su amo lanzó golpes que solo cortaron el aire, algo fallaba, esos guerreros eran muy hábiles o Fénix tenía su peor día en combate.


Pacificador abrió la tercera puerta y después la cuarta, había acabado con los rivales que no era capaz de matar Fénix y lo arrastraba de la capa mientras este miraba hacia atrás mirando con lastima la baja de su animal. Pero otra sala y más rivales, por lo que ambos actuaron de inmediato y por fin Fénix probó la sangre, como un no muerto sintió nulas emociones al partirle el cráneo del guerrero del caos que protegía la puerta. 


La zona cada vez estaba más cargada olores pestilentes, las paredes y el suelo estaban cubiertas de moho y alguna bacteria pegajosa, pero Pacificador no se detuvo, lanzó varias estocadas al entrar en la siguiente sala, estaba tranquilo porque su compañero mostraba su valía, aunque también su estupidez...Mientras que el agente de armadura plateada se ocupaba de un grupo reducido, Fénix cargó contra unos cuantos rivales y solo pudo acabar con un portador de la plaga en la carga, pero sobre él se cernieron los demás rivales. 


Tras lanzar golpes durante un buen rato, Pacificador había acabado con sus rivales, lanzó una rápida mirada al lugar, tenía una puerta bastante protegida, pero tenía otra en frente y a su derecha estaba su compañero en el suelo mientras era machacado por los rivales. Un corto suspiro de Pacificador y cargó contra los rivales que se cebaban con la armadura pesada de Fénix, aprovechó el factor sorpresa y rebanó la pierna a un grandullón pútrido, luego acabo con aquella masa informe mientras levantaba a su compañero del suelo.


Un rápido movimiento y Fénix volvía a la acción, mató a su último rival, pero las heridas habían hecho mella en su cuerpo, se sujetaba con dificultad en la alabarda que la usaba como bastón, mientras Pacificador se lanzó a romper de otra patada la última puerta...

-¡Espera! déjame recuperar el aliento, si no, no podre ayudarte.-dijo entre jadeos Fénix.

-¿Ayudarme? estas retrasando el trabajo, actuando como un simple humano, recuerda que eres un siervo de Sigmar-dijo Pacificador antes de darse la vuelta y romper la puerta con tres patadas.


El agente cargó hacia la sala y se encontró una muralla de reyes pútridos ¿Cuántos había en aquella sala? no le alcanzaba la vista para ver toda la sala. Pero los golpes comenzaron y la guerra se inició entre el ágil guerrero y sus lentos rivales, mientras Fénix lo veía con frustración, debía sacar fuerzas de cualquier lugar y seguir luchando, así que rezó.

Sigmar debió escucharlo, porque se enderezó y cargó, ayudando a su compañero mataron a unos cuantos rivales, pero no paraban de moverse grandes masas de siervos caóticos. Gracias a los movimientos contundentes del agente con armadura dorada pudo aturdir a sus rivales mientras Pacificador los remataba. Hasta que se encontraron el líder detrás de todos los cuerpos sin vida.


Un Señor de la Plaga, un caudillo poderoso que Nurgle había bendecido para expandir sus enfermedades por todo el mundo. Quizá era el día en el que los dos agentes morirían, pero debían actuar por el bien del Imperio y Sigmar. Así que cargaron...

El caudillo reaccionó con potentes golpes, Pacificador recibió un brutal hachazo en el costado y retrocedió, si no llevase su poderosa armadura habría sido partido por la mitad, pero no desistió y se lanzó de nuevo, Fénix mientras cortaba el viento con peligrosos golpes, su alabarda esta vez no dudaba, sonaba con violencia y se movía con determinación. El siervo de Nurgle aguantó hasta que recibió un golpe que lo dejó un segundo aturdido, cuando recuperó la posición de combate se encontró con varios tajos de los agentes de Sigmar, tajos que abrían en canal su pútrido cuerpo, ni el dios de las enfermedades podría curar rápido esas profundas heridas.


Fénix acabo de cortar la cabeza del caudillo para enseñársela después al sacerdote como muestra de que habían acabado con el origen de la corrupción, pero un portal mágico apareció en una de las paredes de la pequeña habitación, los dos agentes se acercaron extrañados, en su interior un agujero negro atraía a los devotos de Sigmar ¿Entrarían en esa realidad para luchar contra demonios del Caos o decidirían volver a la superficie de la ciudad?

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